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Los tesoros de Bodegas Gupo Estévez

El grupo bodeguero José Estévez nos abre las puertas para disfrutar de otro gran momento EN LA GLORIA. De la mano de su director de comunicación y marketing, Ramón Villar, disfrutamos de una espectacular cata, conformada por tres vinos, tres botellas o tres sabores muy dispares, pero que son un claro ejemplo tanto de la tradición como de las tendencias por las que en estos momentos se desarrolla el sector.


Abrimos boca en uno de los rincones más especiales de Bodegas Real Tesoro. Nos sentamos en la Sacristía de Valdespino, también conocida como el Rincón de Curro. Un espacio cargado de magia y presidido por una desafiante estatua del Faraón de Camas. A sus pies, una mesa repleta de botellas entre las que seleccionamos dos: Vermouth Valdespino y amontillado Tío Diego.


Un vermú muy de jerez

Ramón nos cuenta que ahora parece que “todo el mundo se quiere apuntar a la hora del vermú, pero Valdespino ha sido una firma que siempre ha tenido mucho predicamento en la categoría de vinos quinados y los vermús”. Es cierto que la bodega jerezana los tenía mayoritariamente enfocados hacia la exportación, “pero ahora el equipo técnico ha lanzado la gama aperitivos. ‘Valdespino aperitfs’, en la que se puede encontrar la Quina y el Vermouth que vamos a probar”.


En su momento se decía que el vermú se hacía con vinos desechados o que se iban a echar a perder. Las bodegas los recuperaban y les daban salida comercial. La realidad hoy en día es bien distinta, pues esta gama tiene como base vinos de gran calidad. En concreto, Grupo Estévez emplea olorosos viejos de Valdespino y un moscatel que también se utiliza para refrescar las criaderas del afamado Valdespino Moscatel Toneles Viejísimo (que presume de 100 puntos Parker).

"El Vermouth Valdespino es muy equilibrado"

Ramón Villar describe el resultado como un vermú “muy de jerez, bajo el concepto de aperitivo jerezano. Se aprecia tanto en nariz como en boca esa presencia de olorosos y moscatel. Es un vermú muy equilibrado. Siempre hay dos o tres grandes corrientes. Italia importó la moda del vermú y lo hizo con un producto algo amargo. Los franceses apostaban por un vino más seco y los españoles hemos tirado por unos más dulzones. En el caso de Vermouth Valdespino es muy equilibrado”.


La respuesta del público ha sido buena. A la gente le gusta y los comentarios han sido muy positivos. De hecho, Villar reconoce que se sienten “muy contentos, sobre todo por la quina. Es un vino que también llama la atención. Tanto en nariz como en boca, te sorprende y te deja ese regusto. Es un producto muy redondo, que conserva esa esencia del jerez”.


¿Un maridaje para conformar este aperitivo? Ramón apuesta por “una salazón, como un buen taquito de mojama o los encurtidos como las típicas banderillas hechas con queso viejo payoyo”.


El amontillado por antonomasia

Y del último lanzamiento de Grupo Estévez pasamos a una de sus históricas señas de identidad: Tío Diego, el amontillado por antonomasia. Aquí hablamos de palabras mayores. Una auténtica referencia del sector que se ha hecho grande a lo largo de años y años de producción. Ramón Villar pone de relieve la continuidad que la familia Estévez le dio a la bodega apostando por mantener los procesos tradicionales en grandes vinos como es este amontillado.


Para comenzar a entender qué hay detrás de este vino hay que ir hasta la vendimia, hasta Macharnudo. “Un pago emblemático con cepas de más de 40 años. Su rendimiento es muy bajo, pero de una grandísima calidad, vendimia a mano nocturna para que no sufra la uva. Se trae en pequeños lotes para la vinificación. El prensado es mosto yema. Fermentación en botas de roble americano. Es una de las peculiaridades que nosotros hemos conservado como una continuidad de la historia del Valdespino desde sus comienzos. La familia Estévez quería seguir manteniendo la importancia del terruño. Al final es lo que te diferencia un vino de otro. Donde se cría la uva. En este caso es de Macharnudo Alto. Esas 13 hectáreas mágicas”.

“Tío Diego es un vino francamente muy fresco; la presencia de la crianza biológica se nota mucho"

Toca levantar la copa y comenzar a disfrutar de un amontillado muy expresivo tanto en nariz como en boca. “Un vino francamente muy fresco. La presencia de la crianza biológica se nota mucho. Lo mismo te sirve para tapear que para comer… es muy versátil. Hay otros amontillados con más cuerpo, donde el peso de la crianza oxidativa es mucho mayor que la biológica. Nosotros estamos hablando de un vino que tiene una edad media de 16 años y que tienen una producción muy limitada”.

Un vino ideal para maridar con cualquier guiso

Aquí el abanico del maridaje es tremendamente amplio, pero si hubiera que seleccionar, Ramón se queda con “una chacina, una caña de lomo, queso viejo o cualquier guiso. También se dice que es el vino de los mejicanos porque potencia mucho el picante”.


Y entramos en la recta final de nuestro paseo. Nos plantamos en el balcón de Valdespino para catar Candado con la vista de un mar de 25.000 botas de roble americano que impresiona. Terminamos con este emblemático pedro ximénez fruto de una uva soleada en esteras de esparto y la crianza oxidativa durante unos seis años.



Al disfrutarlo en boca los sabores a pasas y el retrogusto es tremendamente potente. Su dulzor lo convierte en un clásico para los postres aunque Ramón nos confiesa que a él le encanta “el contraste que genera el Candado con un queso azul fuerte como el blue stilton. Una armonía perfecta. A los amantes del dulce les encantará regar con este pedro ximénez el helado de turrón”.


Y con este magnífico sabor nos despedimos de Valdespino, una de las firmas más antiguas del Marco y situada entre las 100 mejores bodegas del mundo. Sin duda, una joya, un ‘real tesoro’ para acabar una vez más EN LA GLORIA.



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